LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN
QUINTA ENTREGA
2.9.
La última
prueba.
Después de
terminado el conflicto armado de la revolución los ganadores pretendieron poner
en práctica la constitución de 1917 con todo y sus leyes persecutorias, lo que
tal vez no contemplaron fue la respuesta decidida de los católicos, muchos de
ellos optaron por la lucha armada, mucho se ha discutido sobre la licitud de
este tipo de respuesta no es objeto de este trabajo clarificar esta cuestión,
pero sí es necesario resaltar la defensa que emprendió el pueblo mexicano de su
fe, los que optaron por la respuesta armada la conceptualizaban como un
movimiento en defensa más que de ataque al régimen y finalmente también hay
aspectos positivos y negativos que habrá que juzgar rectamente, pero también
hay otro sector de los católicos de la época que pensaban que la lucha civil
podía ser más eficiente.
Hay un
personaje que resalta de manera especial entre los que se inclinaban mas por la
lucha civil, me refiero a Anacleto González Flores, nació el 13 de julio de
1888 en Tepatitlán, ciudad agrícola de la región de los Altos de Jalisco, en
1908 había ingresado al seminario de San Juan de los Lagos, lo abandonó en 1913
para estudiar leyes en Guadalajara, para lograr su objetivo de graduarse como
licenciado sufrió muchas penurias económicas, no suspendió su ritmo de estudio
ni su apostolado a pesar de los modestos empleos que tuvo que asumir para salir
adelante, en su torno fue congregándose lo que más tarde sería el núcleo
inicial de la ACJM en Guadalajara. Fue difusor entusiasta del partido Católico
Nacional desde 1911 y del demócrata en 1918, pronto se constituyó como uno de
los católicos más activos en el campo cívico con la fundación de círculos
obreros, cooperativas y círculos de estudio.
En 1918 el
Gobierno del Estado de Jalisco pretendió poner en práctica el artículo 130 constitucional
aplicando reglamentaciones como la limitación del número de sacerdotes, ante
esto y junto con la ACJM emprendió un movimiento de resistencia pacífica que se
extendió por todo el estado, la Arquidiócesis de Guadalajara suspendió el culto
en los templos y después de algunos meses el Gobierno tuvo que derogar el
Decreto de 1913 y sus reglamentos.
Este mismo
modelo de defensa se tomó cuando se implementó el boicot a nivel nacional en
1926 cuando leyes similares se implementaron nacionalmente, Anacleto prefería
la resistencia civil, pero finalmente se dio cuenta que se habían agotado todas
las opciones pacíficas y el gobierno no reculaba y después de estar seguro que
el episcopado no condenaba la lucha, acepto el cargo de Delegado Regional de la
Liga, y por lo tanto se convirtió en el brazo de apoyo de la insurrección
católica en defensa de la libertad religiosa, fue capturado y fusilado el 1 de
abril de 1927[1].
Mucho se puede
hablar de Anacleto González Flores, pero por muchas palabras que escriba
buscando que se reconozca su testimonio creo que la mejor prueba de su calidad
de vida fue su propia beatificación el 20 de noviembre de 2005.
Anacleto fue
un líder juvenil, desde que estudiaba leyes se destacó por su amor a la causa
católica contagiando a otros jóvenes del mismo ideal, fue austero y sobrio,
entusiasta motivador y de jefatura fácil, no se le complicaba dirigir, siempre
quiso un desenlace pacífico del conflicto pero por obediencia y sentido común
tuvo que asumir el papel de autoridad moral del movimiento armado. Fiel y
cercano a su prelado Monseñor Orozco y Jiménez, quien se apoyaba en la
organización de actividades de la defensa pacifica, poseedor de una capacidad
mental destacada y además tenía una sed por leer sobre todo libros de
literatura e historia, supo ser fiel hasta la muerte de martirio, aun cuando le
cortaron las plantas de los pies nunca renegó de Cristo, un testigo habla lo
siguiente de Anacleto en el momento que ya lo tenían preso: “El general Ferreira le pedía que le dijera
dónde estaba el arzobispo Orozco y Jiménez, a lo que contestó Anacleto que no
sabía y que si lo supiera no se lo diría. Le cortaron la lengua, le desollaron
y le hicieron caminar sobre la arena candente y lo fusilaron. Fusilaron primero
a los hermanos Vargas González y a Luis Padilla. Anacleto pidió que lo
fusilaran al final. Lo mataron por odio a la iglesia. Murió proclamando ‘¡Viva
Cristo Rey!’. Toda la gente decía, al darse cuenta de su muerte, que era un
santo. La gente lo tenía como mártir”[2].
Pidió ser
fusilado al final para poder ejercer su autoridad moral hasta en sus últimos
instantes de vida pues cuando sus compañeros de martirio estaban cercanos a la
muerte los exhortaba a permanecer fieles y los consolaba diciéndoles que era sólo
un paso para el gozo eterno.
Anacleto
González Flores fue un laico cristiano convencido de su fe, destacó su amor y
respeto a los obispos y en especial a su arzobispo don Francisco Orozco y
Jiménez con quien siempre tuvo una estrecha relación.
2.10.
Otro paladín.
Pero no fue el
único paladín de esta gesta heroica, estaban sus compañeros de martirio Luis
Padilla y los hermanos Jorge y Florentino Vargas González, quienes lo
acompañaron continuamente en su cruzada personal, pero hay otro nombre
destacado y además íntimo compañero de Anacleto, Miguel Loza Gómez, mejor
conocido como Miguel Gómez Loza quien tenía un temperamento más impulsivo, pero
con las mismas convicciones que Anacleto, tanto que murió mártir en
circunstancias que parecen indicar que tal vez no midió el riesgo que implicaba
una misión que tenía encomendada y fue capturado por casualidad.
Miguel también
procedía de una familia humilde, huérfano de padre lo cual le implicó muchas
dificultades en su infancia y juventud, hombre decidido, recio, fuerte, no se
achicaba fácilmente, nos encontramos ante un hombre de carácter sanguíneo e
impulsivo, su vida está llena de anécdotas que dan cuenta de esta personalidad,
se pueden contar no menos de 59 detenciones a causa de la defensa de la fe a lo
largo de su vida, precisamente la decisión arriesgada de cumplir con su última
misión fue la que le llevó al martirio, pero esto no supone que él no era
consciente del riesgo que corría, sin embargo también era consciente de la
importancia que tenía el cumplir con su misión, si Anacleto era el alma del
movimiento de la resistencia católica pasiva, Miguel era el fiel ejecutor,
tenía una clara vocación política. En julio de 1921 contendió como candidato
independiente por el gobierno de Jalisco, su contrincante era José Guadalupe
Zuno, personaje radicalmente anticatólico y que se distinguía en aquellos años
por su participación en la lucha contra la Iglesia en Jalisco, le arrebató la
victoria a Gómez Loza con las trampas de siempre, pero esta contienda le ganó
el mote de “el gobernador”.
Cuando
finalmente se desató el conflicto armado Miguel nunca se batió al frente,
asumió un papel de cooperador de la causa en el orden moral, finalmente también
murió mártir cuando lo descubrieron en la misión de entregar cierta
documentación a un jefe cristero, él y sus compañeros corrieron en todas
direcciones al único que capturaron fue a Miguel, lo amarraron del cuello y lo
arrastraron a caballo, lo creyeron muerto pero lo remataron con un tiro por la
espalda.
La muerte de
Miguel Gómez Loza parecía haber sido un golpe rotundo a la organización
cristera; sin embargo el pueblo católico lo interpretó como un triunfo
manifestando con valentía su dolor y su esperanza. Y como sucedió con otros
personajes de la historia de la persecución mexicana de aquellos años la gente
lo consideró mártir desde el primer momento[3],
hombre de una sola pieza beatificado en la misma fecha que Anacleto González
Flores, juntos en la batalla y juntos en la gloria.
Hay muchos
otros nombres y figuras que deben ser tomadas como ejemplos, es más, lo que
escribo son sólo pinceladas de las personalidades de estos personajes, lo
escrito debe ser una invitación para profundizar en su estudio, y hay un caso
cercano para los michoacanos.
2.11.
Aun los más
jóvenes dieron testimonio.
Durante
aquellos años de odio perseguidor fueron martirizados por su fe católicos de
toda edad, estado de vida y condición, entre ellos encontramos a numerosos
jóvenes, adolescentes e incluso niños. Hay uno que tiene características
especiales, se trata de un muchacho, todavía adolescente. Una versión clara de
la figura de David frente al poderoso y armado hasta los dientes Goliat. Había
nacido el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán, será martirizado en la
noche del 10 de febrero de 1928, en el mismo Sahuayo, le faltaban 40 días para cumplir sus 15 años. También él como el
resto de los mártires fue asesinado por las autoridades del estado sin juicio
alguno, tras torturas indecibles que el joven soportó con una fuerza
paragonable a la de los mártires de la Iglesia primitiva. Su ejecución fue
bárbara y hecha alevosamente en la noche, en una población que se estaba
distinguiendo en aquellos años por su fidelidad a la fe católica y por su
compromiso también en la causa de la cristiada que luchaba por el derecho a la
libertad religiosa, el nombre del mártir: José Sánchez del Rio.
Continuará.....
[1]
Sangre y corazón de un pueblo, pag. 1138-1139 Tomo II, Fidel González Fernández, Arquidiócesis de Guadalajara.
[2] Summ., Proc. A, Test. XIII, 38, 97.
El testigo, José de
Jesús Ramírez Zamudio era un hombre casado y ya anciano cuando dio su
declaración; había conocido bien a Anacleto y recogió muchas noticias de su muerte.
[3]
Sangre y corazón de un pueblo, pag. 1410-1411 Tomo II, Fidel González Fernández, Arquidiócesis de Guadalajara.
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