miércoles, 25 de abril de 2012

QUINTA ENTREGA -- LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN


 LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN

QUINTA ENTREGA

2.9.   La última prueba.

Después de terminado el conflicto armado de la revolución los ganadores pretendieron poner en práctica la constitución de 1917 con todo y sus leyes persecutorias, lo que tal vez no contemplaron fue la respuesta decidida de los católicos, muchos de ellos optaron por la lucha armada, mucho se ha discutido sobre la licitud de este tipo de respuesta no es objeto de este trabajo clarificar esta cuestión, pero sí es necesario resaltar la defensa que emprendió el pueblo mexicano de su fe, los que optaron por la respuesta armada la conceptualizaban como un movimiento en defensa más que de ataque al régimen y finalmente también hay aspectos positivos y negativos que habrá que juzgar rectamente, pero también hay otro sector de los católicos de la época que pensaban que la lucha civil podía ser más eficiente.

Hay un personaje que resalta de manera especial entre los que se inclinaban mas por la lucha civil, me refiero a Anacleto González Flores, nació el 13 de julio de 1888 en Tepatitlán, ciudad agrícola de la región de los Altos de Jalisco, en 1908 había ingresado al seminario de San Juan de los Lagos, lo abandonó en 1913 para estudiar leyes en Guadalajara, para lograr su objetivo de graduarse como licenciado sufrió muchas penurias económicas, no suspendió su ritmo de estudio ni su apostolado a pesar de los modestos empleos que tuvo que asumir para salir adelante, en su torno fue congregándose lo que más tarde sería el núcleo inicial de la ACJM en Guadalajara. Fue difusor entusiasta del partido Católico Nacional desde 1911 y del demócrata en 1918, pronto se constituyó como uno de los católicos más activos en el campo cívico con la fundación de círculos obreros, cooperativas y círculos de estudio.

En 1918 el Gobierno del Estado de Jalisco pretendió poner en práctica el artículo 130 constitucional aplicando reglamentaciones como la limitación del número de sacerdotes, ante esto y junto con la ACJM emprendió un movimiento de resistencia pacífica que se extendió por todo el estado, la Arquidiócesis de Guadalajara suspendió el culto en los templos y después de algunos meses el Gobierno tuvo que derogar el Decreto de 1913 y sus reglamentos.

Este mismo modelo de defensa se tomó cuando se implementó el boicot a nivel nacional en 1926 cuando leyes similares se implementaron nacionalmente, Anacleto prefería la resistencia civil, pero finalmente se dio cuenta que se habían agotado todas las opciones pacíficas y el gobierno no reculaba y después de estar seguro que el episcopado no condenaba la lucha, acepto el cargo de Delegado Regional de la Liga, y por lo tanto se convirtió en el brazo de apoyo de la insurrección católica en defensa de la libertad religiosa, fue capturado y fusilado el 1 de abril de 1927[1].

Mucho se puede hablar de Anacleto González Flores, pero por muchas palabras que escriba buscando que se reconozca su testimonio creo que la mejor prueba de su calidad de vida fue su propia beatificación el 20 de noviembre de 2005.

Anacleto fue un líder juvenil, desde que estudiaba leyes se destacó por su amor a la causa católica contagiando a otros jóvenes del mismo ideal, fue austero y sobrio, entusiasta motivador y de jefatura fácil, no se le complicaba dirigir, siempre quiso un desenlace pacífico del conflicto pero por obediencia y sentido común tuvo que asumir el papel de autoridad moral del movimiento armado. Fiel y cercano a su prelado Monseñor Orozco y Jiménez, quien se apoyaba en la organización de actividades de la defensa pacifica, poseedor de una capacidad mental destacada y además tenía una sed por leer sobre todo libros de literatura e historia, supo ser fiel hasta la muerte de martirio, aun cuando le cortaron las plantas de los pies nunca renegó de Cristo, un testigo habla lo siguiente de Anacleto en el momento que ya lo tenían preso: “El general Ferreira le pedía que le dijera dónde estaba el arzobispo Orozco y Jiménez, a lo que contestó Anacleto que no sabía y que si lo supiera no se lo diría. Le cortaron la lengua, le desollaron y le hicieron caminar sobre la arena candente y lo fusilaron. Fusilaron primero a los hermanos Vargas González y a Luis Padilla. Anacleto pidió que lo fusilaran al final. Lo mataron por odio a la iglesia. Murió proclamando ‘¡Viva Cristo Rey!’. Toda la gente decía, al darse cuenta de su muerte, que era un santo. La gente lo tenía como mártir[2].

Pidió ser fusilado al final para poder ejercer su autoridad moral hasta en sus últimos instantes de vida pues cuando sus compañeros de martirio estaban cercanos a la muerte los exhortaba a permanecer fieles y los consolaba diciéndoles que era sólo un paso para el gozo eterno.

Anacleto González Flores fue un laico cristiano convencido de su fe, destacó su amor y respeto a los obispos y en especial a su arzobispo don Francisco Orozco y Jiménez con quien siempre tuvo una estrecha relación.

2.10.   Otro paladín.

Pero no fue el único paladín de esta gesta heroica, estaban sus compañeros de martirio Luis Padilla y los hermanos Jorge y Florentino Vargas González, quienes lo acompañaron continuamente en su cruzada personal, pero hay otro nombre destacado y además íntimo compañero de Anacleto, Miguel Loza Gómez, mejor conocido como Miguel Gómez Loza quien tenía un temperamento más impulsivo, pero con las mismas convicciones que Anacleto, tanto que murió mártir en circunstancias que parecen indicar que tal vez no midió el riesgo que implicaba una misión que tenía encomendada y fue capturado por casualidad.

Miguel también procedía de una familia humilde, huérfano de padre lo cual le implicó muchas dificultades en su infancia y juventud, hombre decidido, recio, fuerte, no se achicaba fácilmente, nos encontramos ante un hombre de carácter sanguíneo e impulsivo, su vida está llena de anécdotas que dan cuenta de esta personalidad, se pueden contar no menos de 59 detenciones a causa de la defensa de la fe a lo largo de su vida, precisamente la decisión arriesgada de cumplir con su última misión fue la que le llevó al martirio, pero esto no supone que él no era consciente del riesgo que corría, sin embargo también era consciente de la importancia que tenía el cumplir con su misión, si Anacleto era el alma del movimiento de la resistencia católica pasiva, Miguel era el fiel ejecutor, tenía una clara vocación política. En julio de 1921 contendió como candidato independiente por el gobierno de Jalisco, su contrincante era José Guadalupe Zuno, personaje radicalmente anticatólico y que se distinguía en aquellos años por su participación en la lucha contra la Iglesia en Jalisco, le arrebató la victoria a Gómez Loza con las trampas de siempre, pero esta contienda le ganó el mote de “el gobernador”.

Cuando finalmente se desató el conflicto armado Miguel nunca se batió al frente, asumió un papel de cooperador de la causa en el orden moral, finalmente también murió mártir cuando lo descubrieron en la misión de entregar cierta documentación a un jefe cristero, él y sus compañeros corrieron en todas direcciones al único que capturaron fue a Miguel, lo amarraron del cuello y lo arrastraron a caballo, lo creyeron muerto pero lo remataron con un tiro por la espalda.

La muerte de Miguel Gómez Loza parecía haber sido un golpe rotundo a la organización cristera; sin embargo el pueblo católico lo interpretó como un triunfo manifestando con valentía su dolor y su esperanza. Y como sucedió con otros personajes de la historia de la persecución mexicana de aquellos años la gente lo consideró mártir desde el primer momento[3], hombre de una sola pieza beatificado en la misma fecha que Anacleto González Flores, juntos en la batalla y juntos en la gloria.

Hay muchos otros nombres y figuras que deben ser tomadas como ejemplos, es más, lo que escribo son sólo pinceladas de las personalidades de estos personajes, lo escrito debe ser una invitación para profundizar en su estudio, y hay un caso cercano para los michoacanos.

2.11.   Aun los más jóvenes dieron testimonio.

Durante aquellos años de odio perseguidor fueron martirizados por su fe católicos de toda edad, estado de vida y condición, entre ellos encontramos a numerosos jóvenes, adolescentes e incluso niños. Hay uno que tiene características especiales, se trata de un muchacho, todavía adolescente. Una versión clara de la figura de David frente al poderoso y armado hasta los dientes Goliat. Había nacido el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán, será martirizado en la noche del 10 de febrero de 1928, en el mismo Sahuayo, le faltaban 40 días  para cumplir sus 15 años. También él como el resto de los mártires fue asesinado por las autoridades del estado sin juicio alguno, tras torturas indecibles que el joven soportó con una fuerza paragonable a la de los mártires de la Iglesia primitiva. Su ejecución fue bárbara y hecha alevosamente en la noche, en una población que se estaba distinguiendo en aquellos años por su fidelidad a la fe católica y por su compromiso también en la causa de la cristiada que luchaba por el derecho a la libertad religiosa, el nombre del mártir: José Sánchez del Rio.

Continuará.....


[1] Sangre y corazón de un pueblo, pag. 1138-1139 Tomo II, Fidel González Fernández, Arquidiócesis de Guadalajara.
[2] Summ., Proc. A, Test. XIII, 38, 97. El testigo, José de Jesús Ramírez Zamudio era un hombre casado y ya anciano cuando dio su declaración; había conocido bien a Anacleto y recogió muchas noticias de su muerte.
[3] Sangre y corazón de un pueblo, pag. 1410-1411 Tomo II, Fidel González Fernández, Arquidiócesis de Guadalajara.

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