viernes, 27 de abril de 2012

ULTIMA ENTREGA -- LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN


  LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN

ULTIMA ENTREGA

1.      El legado que dejan estos testimonios.

Todos estos son ejemplos que aunque parecen aislados no lo son, hay muchos nombres que por cuestión de espacio no se pueden enlistar pero que son una prueba fiel de que en tiempos de la revolución y postrevolución los ambientes católicos juveniles tenían una fuerte espiritualidad, de otra manera no se hubieran dado los frutos de martirio expuestos, gracias a su sacrificio la Iglesia conquistó su “derecho de piso” y aunque no fue de inmediato porque Dios tiene sus propios tiempos, en una visión desde el presente, se puede observar claramente que Dios da la victoria aun cuando a los ojos de los hombres se observa una derrota.

Es verdad que la historia de México es trágica, pero de algo debemos ser conscientes los católicos actuales y de manera especial los jóvenes, la historia no se ha terminado de escribir, ahora que tenemos amenazas diferentes en su presentación tales como legalización del aborto, “matrimonios” homosexuales, etc. no debemos olvidar que detrás de todo está el maligno que mueve los hilos, pero también debemos a semejanza de los mártires actuar con prudencia sin disminuir un ápice nuestra determinación en la defensa de nuestra Fe, ya que si no lo hacemos así, en un futuro se seguirá hablando de los jóvenes valerosos que dieron su vida en defensa de la fe en tiempos de la Revolución Mexicana, pero que desafortunadamente no hubo quienes los secundaran en las generaciones siguientes.

Es pues tiempo de retomar nuestra identidad nacional y dar respuesta a la vocación que tenemos como mexicanos, “nunca tiempos pasados fueron mejores”, si creemos lo contrario estamos atentando contra la esperanza, preparemos y demos la lucha espiritual, porque lo mejor está por venir, hagámoslo no con las armas, pero sí con los medios actuales que tenemos que son muchos, pero que implican un testimonio casi descarado, y de esa manera responderemos fielmente a aquellos que nos heredaron su testimonio y haremos de esta patria la nación de la Madre protectora Santa María de Guadalupe, Así sea.

miércoles, 25 de abril de 2012

QUINTA ENTREGA -- LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN


 LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN

QUINTA ENTREGA

2.9.   La última prueba.

Después de terminado el conflicto armado de la revolución los ganadores pretendieron poner en práctica la constitución de 1917 con todo y sus leyes persecutorias, lo que tal vez no contemplaron fue la respuesta decidida de los católicos, muchos de ellos optaron por la lucha armada, mucho se ha discutido sobre la licitud de este tipo de respuesta no es objeto de este trabajo clarificar esta cuestión, pero sí es necesario resaltar la defensa que emprendió el pueblo mexicano de su fe, los que optaron por la respuesta armada la conceptualizaban como un movimiento en defensa más que de ataque al régimen y finalmente también hay aspectos positivos y negativos que habrá que juzgar rectamente, pero también hay otro sector de los católicos de la época que pensaban que la lucha civil podía ser más eficiente.

Hay un personaje que resalta de manera especial entre los que se inclinaban mas por la lucha civil, me refiero a Anacleto González Flores, nació el 13 de julio de 1888 en Tepatitlán, ciudad agrícola de la región de los Altos de Jalisco, en 1908 había ingresado al seminario de San Juan de los Lagos, lo abandonó en 1913 para estudiar leyes en Guadalajara, para lograr su objetivo de graduarse como licenciado sufrió muchas penurias económicas, no suspendió su ritmo de estudio ni su apostolado a pesar de los modestos empleos que tuvo que asumir para salir adelante, en su torno fue congregándose lo que más tarde sería el núcleo inicial de la ACJM en Guadalajara. Fue difusor entusiasta del partido Católico Nacional desde 1911 y del demócrata en 1918, pronto se constituyó como uno de los católicos más activos en el campo cívico con la fundación de círculos obreros, cooperativas y círculos de estudio.

En 1918 el Gobierno del Estado de Jalisco pretendió poner en práctica el artículo 130 constitucional aplicando reglamentaciones como la limitación del número de sacerdotes, ante esto y junto con la ACJM emprendió un movimiento de resistencia pacífica que se extendió por todo el estado, la Arquidiócesis de Guadalajara suspendió el culto en los templos y después de algunos meses el Gobierno tuvo que derogar el Decreto de 1913 y sus reglamentos.

Este mismo modelo de defensa se tomó cuando se implementó el boicot a nivel nacional en 1926 cuando leyes similares se implementaron nacionalmente, Anacleto prefería la resistencia civil, pero finalmente se dio cuenta que se habían agotado todas las opciones pacíficas y el gobierno no reculaba y después de estar seguro que el episcopado no condenaba la lucha, acepto el cargo de Delegado Regional de la Liga, y por lo tanto se convirtió en el brazo de apoyo de la insurrección católica en defensa de la libertad religiosa, fue capturado y fusilado el 1 de abril de 1927[1].

Mucho se puede hablar de Anacleto González Flores, pero por muchas palabras que escriba buscando que se reconozca su testimonio creo que la mejor prueba de su calidad de vida fue su propia beatificación el 20 de noviembre de 2005.

Anacleto fue un líder juvenil, desde que estudiaba leyes se destacó por su amor a la causa católica contagiando a otros jóvenes del mismo ideal, fue austero y sobrio, entusiasta motivador y de jefatura fácil, no se le complicaba dirigir, siempre quiso un desenlace pacífico del conflicto pero por obediencia y sentido común tuvo que asumir el papel de autoridad moral del movimiento armado. Fiel y cercano a su prelado Monseñor Orozco y Jiménez, quien se apoyaba en la organización de actividades de la defensa pacifica, poseedor de una capacidad mental destacada y además tenía una sed por leer sobre todo libros de literatura e historia, supo ser fiel hasta la muerte de martirio, aun cuando le cortaron las plantas de los pies nunca renegó de Cristo, un testigo habla lo siguiente de Anacleto en el momento que ya lo tenían preso: “El general Ferreira le pedía que le dijera dónde estaba el arzobispo Orozco y Jiménez, a lo que contestó Anacleto que no sabía y que si lo supiera no se lo diría. Le cortaron la lengua, le desollaron y le hicieron caminar sobre la arena candente y lo fusilaron. Fusilaron primero a los hermanos Vargas González y a Luis Padilla. Anacleto pidió que lo fusilaran al final. Lo mataron por odio a la iglesia. Murió proclamando ‘¡Viva Cristo Rey!’. Toda la gente decía, al darse cuenta de su muerte, que era un santo. La gente lo tenía como mártir[2].

Pidió ser fusilado al final para poder ejercer su autoridad moral hasta en sus últimos instantes de vida pues cuando sus compañeros de martirio estaban cercanos a la muerte los exhortaba a permanecer fieles y los consolaba diciéndoles que era sólo un paso para el gozo eterno.

Anacleto González Flores fue un laico cristiano convencido de su fe, destacó su amor y respeto a los obispos y en especial a su arzobispo don Francisco Orozco y Jiménez con quien siempre tuvo una estrecha relación.

2.10.   Otro paladín.

Pero no fue el único paladín de esta gesta heroica, estaban sus compañeros de martirio Luis Padilla y los hermanos Jorge y Florentino Vargas González, quienes lo acompañaron continuamente en su cruzada personal, pero hay otro nombre destacado y además íntimo compañero de Anacleto, Miguel Loza Gómez, mejor conocido como Miguel Gómez Loza quien tenía un temperamento más impulsivo, pero con las mismas convicciones que Anacleto, tanto que murió mártir en circunstancias que parecen indicar que tal vez no midió el riesgo que implicaba una misión que tenía encomendada y fue capturado por casualidad.

Miguel también procedía de una familia humilde, huérfano de padre lo cual le implicó muchas dificultades en su infancia y juventud, hombre decidido, recio, fuerte, no se achicaba fácilmente, nos encontramos ante un hombre de carácter sanguíneo e impulsivo, su vida está llena de anécdotas que dan cuenta de esta personalidad, se pueden contar no menos de 59 detenciones a causa de la defensa de la fe a lo largo de su vida, precisamente la decisión arriesgada de cumplir con su última misión fue la que le llevó al martirio, pero esto no supone que él no era consciente del riesgo que corría, sin embargo también era consciente de la importancia que tenía el cumplir con su misión, si Anacleto era el alma del movimiento de la resistencia católica pasiva, Miguel era el fiel ejecutor, tenía una clara vocación política. En julio de 1921 contendió como candidato independiente por el gobierno de Jalisco, su contrincante era José Guadalupe Zuno, personaje radicalmente anticatólico y que se distinguía en aquellos años por su participación en la lucha contra la Iglesia en Jalisco, le arrebató la victoria a Gómez Loza con las trampas de siempre, pero esta contienda le ganó el mote de “el gobernador”.

Cuando finalmente se desató el conflicto armado Miguel nunca se batió al frente, asumió un papel de cooperador de la causa en el orden moral, finalmente también murió mártir cuando lo descubrieron en la misión de entregar cierta documentación a un jefe cristero, él y sus compañeros corrieron en todas direcciones al único que capturaron fue a Miguel, lo amarraron del cuello y lo arrastraron a caballo, lo creyeron muerto pero lo remataron con un tiro por la espalda.

La muerte de Miguel Gómez Loza parecía haber sido un golpe rotundo a la organización cristera; sin embargo el pueblo católico lo interpretó como un triunfo manifestando con valentía su dolor y su esperanza. Y como sucedió con otros personajes de la historia de la persecución mexicana de aquellos años la gente lo consideró mártir desde el primer momento[3], hombre de una sola pieza beatificado en la misma fecha que Anacleto González Flores, juntos en la batalla y juntos en la gloria.

Hay muchos otros nombres y figuras que deben ser tomadas como ejemplos, es más, lo que escribo son sólo pinceladas de las personalidades de estos personajes, lo escrito debe ser una invitación para profundizar en su estudio, y hay un caso cercano para los michoacanos.

2.11.   Aun los más jóvenes dieron testimonio.

Durante aquellos años de odio perseguidor fueron martirizados por su fe católicos de toda edad, estado de vida y condición, entre ellos encontramos a numerosos jóvenes, adolescentes e incluso niños. Hay uno que tiene características especiales, se trata de un muchacho, todavía adolescente. Una versión clara de la figura de David frente al poderoso y armado hasta los dientes Goliat. Había nacido el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán, será martirizado en la noche del 10 de febrero de 1928, en el mismo Sahuayo, le faltaban 40 días  para cumplir sus 15 años. También él como el resto de los mártires fue asesinado por las autoridades del estado sin juicio alguno, tras torturas indecibles que el joven soportó con una fuerza paragonable a la de los mártires de la Iglesia primitiva. Su ejecución fue bárbara y hecha alevosamente en la noche, en una población que se estaba distinguiendo en aquellos años por su fidelidad a la fe católica y por su compromiso también en la causa de la cristiada que luchaba por el derecho a la libertad religiosa, el nombre del mártir: José Sánchez del Rio.

Continuará.....


[1] Sangre y corazón de un pueblo, pag. 1138-1139 Tomo II, Fidel González Fernández, Arquidiócesis de Guadalajara.
[2] Summ., Proc. A, Test. XIII, 38, 97. El testigo, José de Jesús Ramírez Zamudio era un hombre casado y ya anciano cuando dio su declaración; había conocido bien a Anacleto y recogió muchas noticias de su muerte.
[3] Sangre y corazón de un pueblo, pag. 1410-1411 Tomo II, Fidel González Fernández, Arquidiócesis de Guadalajara.

martes, 24 de abril de 2012

CUARTA ENTREGA -- LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN


 LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN

CUARTA ENTREGA

2.6.   Primera prueba: la independencia.

Si esto lo entendemos bien todo el movimiento de la independencia se puede comprender de manera muy simple, Cuando Fernando VII estaba preso por Napoleón, el cura Miguel Hidalgo se levanta al grito de “Viva la Virgen de Guadalupe, Viva Fernando VII y muera el mal gobierno”, tres elementos: el religioso en primer lugar, otro elemento era Fernando VII que se pensaba se le podía acoger como Rey de La Nueva España pues representaba la idea de perdurar con la política tradicional española, y el tercero era que ya a esas alturas la influencia francesa en la Nueva España era muy grande y no tenía contenta a la sociedad, aunque hay que decir que la idea de levantarse en armas de Hidalgo no era compartida por todos, finalmente por eso fracasó el movimiento armado, aún Morelos en los Sentimientos de la Nación menciona como parte de la identidad mexicana a la Iglesia Católica como única religión, pero unos años después en 1821 se da el hecho que demuestra el carácter católico de la sociedad cuando el 28 de septiembre se firma el acta de independencia del Imperio Mexicano, un día después de la entrada del ejercito trigarante o de las tres garantías en donde por primera vez se usan los tres colores de nuestra enseña nacional y las cuales eran: “la unidad religiosa teniendo al catolicismo como única religión, La independencia completa respecto de España con una monarquía constitucional como gobierno, ofreciéndose la Corona a Fernando VII, o en su defecto a otro miembro de su familia y la unión de todos sus habitantes sin distinción de razas”.[1]

RELIGION, UNIÓN E INDEPENDENCIA, blanco, rojo y verde respectivamente, es una de las pocas veces en que la gran mayoría de los habitantes de México están unidos en un mismo objetivo.

2.7.   Segunda prueba: la revolución.

Sin embargo de ser un final feliz la historia se convirtió en una sucesión de hechos trágicos ya que el siglo XIX en México se caracterizó por innumerables revueltas, arrebatingas por el poder, invasiones extranjeras, persecución a la Iglesia, todo esto desorientó al país y con ello a los mismos católicos, pero como muchas veces en la historia, Dios por medio de la Divina Providencia interviene a favor de la promoción de la Iglesia, el 15 de mayo de 1891 el papa León XIII escribe la primera encíclica social, la Rerum Novarum, en ella da respuesta a las convulsiones que el mundo estaba viviendo a causa de la revolución industrial, el avance del capitalismo y el comunismo.

Pero no fue tan sencillo como está escrito en el párrafo anterior, en realidad se dieron circunstancias que favorecieron que la Iglesia gozara de cierta libertad para renovarse en México. Tan pronto como el papa León XIII asumió el papado, realizó una labor diplomática de conciliación, envió cartas a todos los monarcas y jefes de estado invitándolos a estrechar lazos entre la Santa Sede y las respectivas naciones, esta acción respondía a la herencia que recibió de su antecesor el papa Pío IX (1846-1878), después de la perdida de los Estados Pontificios, a lo largo del pontificado de León XIII las relaciones Iglesia-Estado mejoran notoriamente en lo general promoviendo un ambiente de distención del cual México no estuvo exento.

Por otro lado el general Porfirio Díaz quiere hacer algo similar pues pretende borrar en lo posible la imagen que México había acumulado durante tantas décadas de conflictos y revoluciones, y procurar mostrar un gobierno con rostro civilizado y moderno. Para lograr esto, entre muchas cosas debía mejorar sus relaciones con la Iglesia y esto se pudo alcanzar gracias a las relaciones que tenía Don Porfirio con las altas jerarquías de la Iglesia. La misión diplomática de monseñor Nicolas Averardi (1896-1900) y la mesura que el visitador pontificio exige a los periodistas católicos son algunos de los factores que generan una atmósfera propicia para la conciliación de interés dando como resultado que la Iglesia en México tuviera oportunidad de reorganizarse y renovarse[2].

También al interior de la Iglesia en México se dieron varias circunstancias que favorecieron una renovación, entre ellas se puede mencionar que el Concilio Vaticano I dio una renovada seguridad doctrinal a toda la Iglesia; los gestos renovadores de León XIII y su capacidad diplomática fueron interpretados por el Episcopado Mexicano como una invitación a suavizar las posturas polémicas; el acento social del Magisterio pontificio, acentuado con la encíclica Rerum Novarum (1891) impulsaba el avance de las organizaciones católicas y estimulaba la atención en el campo social y político; el fallecimiento del arzobispo de México, Pelagio Antonio Labastida, en 1891, protagonista de los difíciles años del imperio, de la restauración republicana y de las leyes de reforma y la toma de posesión de su sucesor, Próspero María Alarcón; y el elemento que puede ser el más importante: la constatación del atraso del catolicismo mexicano en lo que se refiere a pastoral social y a la organización de las fuerzas del laicado, todo esto impulsó la urgencia de hacer presente el mensaje cristiano en la sociedad de la época para regenerarla.

Un ejemplo que prueba la apertura que estaba teniendo el gobierno fue la celebración en México del Concilio Plenario de América Latina del 28 de mayo al 9 de julio de 1899, el Visitador Averardi menciona en una carta a Eulogio Gillow, arzobispo de Antequera que el mismo gobierno ve con buenos ojos la celebración del evento en México[3].

A esto se suman los Congresos Católicos Nacionales realizado el primero en la ciudad de Puebla en 1903, y el segundo Congreso Católico Nacional y primero Mariano se celebró en Morelia en 1904. En Puebla el tema principal fue la cuestión social y en Morelia predominó el tema Mariano, pero no por esto se dejó de lado el tema social, de hecho fue la primera vez que se trató el tema indígena[4].

Todos estos antecedentes muestran una Iglesia preocupada y ocupada por una sincera renovación, además deja ver el compromiso que ésta asumía de iluminar con la doctrina la cuestión social, de esta manera se generaron muchas inquietudes en la sociedad y en especial en los círculos obreros los cuales estaban preocupados por su cuestión laboral, se puede decir que lo que la Iglesia hizo en México durante los años previos a la revolución generó un ambiente que propició en buena medida la idea de una renovación política que se tradujera en condiciones laborales justas, desafortunadamente el desenlace fue de nueva cuenta trágico ya que la inquietud social degeneró en el movimiento armado revolucionario que dejó como saldo un millón de muertes, entre ellos los mártires de la guerra Cristera.

2.8.   Análisis: ¿en qué posición quedo la Iglesia durante la revolución?

Lo que sucedió a la Iglesia Católica como lo comenté al inicio de este trabajo se puede ver de dos maneras, si analizamos los hechos sin tomar en cuenta la intervención de Dios podemos afirmar que la Iglesia tuvo “mala fortuna” ya que cuando Victoriano Huerta ocupó la Presidencia, existió cierto acercamiento entre él y algunos obispos con intenciones diferentes. Primero el presidente consideró que el apoyo de la Iglesia podía representarle un respaldo y los obispos pensaron que de esa manera podían asegurar una continuidad de la paz porfiriana que le asegurara a la Iglesia continuar con el desarrollo que había tenido durante la paz porfiriana. No se pretende juzgar a Victoriano Huerta como un personaje positivo o negativo para la historia, solo que en la visión que estamos analizando resultó que sus enemigos políticos le ganaron la partida y consideraron a la Iglesia como parte de la maldad que Victoriano Huerta representaba para ellos, de tal manera que esto les dio los argumentos necesarios para justificar las leyes anticlericales que se manifestaron en la constitución de 1917 y que desencadenaron en la persecución religiosa sucedida en México de 1926 a 1929.

Pero esa visión se queda corta para los creyentes, ya que en una visión trascendente se debe asumir que Dios permite males para sacar bienes mayores y si bien por los movimientos políticos de la época se puede decir que la Iglesia fue lastimada; finalmente resultó fortalecida por el testimonio de congruencia y heroísmo que mostraron muchos mexicanos y de manera más particular los jóvenes católicos, en especial los mártires que dio la persecución, la identidad de una nación no se puede cambiar por decreto y durante la mayoría del siglo XIX los principales portadores de esa identidad eran los católicos y estos, por razones ya expuestas anteriormente habían permanecido confundidos y hasta cierto punto aletargados, pero cuando existieron las condiciones propicias, los católicos resurgieron con un gran ímpetu y si ese letargo pareció de alguna manera que la esencia del catolicismo estaba perdiéndose en la sociedad resultó que no fue así, no se pueden dar mártires ni en la cantidad en que se dieron si el mensaje cristiano no está suficientemente consolidado en la sociedad, a los jóvenes se les reconoce como los principales actores de las transformaciones sociales, pero en la historia pocas veces se habla en particular de ellos como promotores de los cambios sociales, en México el testimonio que dio por ejemplo la ACJM (Acción Católica de la Juventud Mexicana) da cuenta de cómo fueron capaces de organizarse de manera sumamente eficiente en las labores de la defensa de los derechos de la Iglesia y colaborando en la solución de gravísimo problema social, bajo la inspiración y animación del padre Bernardo Bergoend (1871-1943).

Continuará....

[1] Los mitos del bicentenario, pag. 102, Nemesio Rodríguez Lois, Ed. Minos.
[2] EL AGUIJON DE ESPÍRITU, Historia contemporánea de la Iglesia en México (1892-1992), pag. 45-47 José Miguel Romero de Solis Ed. Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC).
[3] Averadi a Eulogio Gillow (27 de febrero de 1898), en: VAM-ASV, caja 13 pos. 151: Sinodi provinciali e diocesani. Sinodo nazionale. Concilio Plenario, f 267 vta. “Como bien sabe V.S.I, yo en una relación que hice a la Santa Sede, expuse la conveniencia que sería celebrar en esta República dicho concilio plenario; idea que mucho agrado al Excmo. Sr. Presidente (según me lo indico alguna vez que le hable de este asunto), y que reportaría, así en lo político como en lo religioso, grandes bienes a la Iglesia Mexicana, Por consiguiente, el parecer de V.S.I. y el de los otros Ilmos. Sres. Obispos vendría a confirmar lo ya expuesto por mí a la Santa Sede.”
[4] Memoria del Segundo Congreso Católico Mariano, Morelia, Talleres tipográficos de Agustín Martínez Mier, 1905.

lunes, 23 de abril de 2012

LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN -- TERCERA ENTREGA


 LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN

TERCERA ENTREGA

2.3.   Un milagro cambia la inercia.

La conquista espiritual no se dio por decreto, ni tampoco sucedió de un día a otro. Se hicieron muchos esfuerzos en los primeros años, pero los resultados si no eran pobres en sí porque una sola alma conversa vale cualquier campaña; se puede decir que los resultados fueron pequeños en proporción con el total de la gente que se debía evangelizar, pero considero de manera personal que Dios en su infinita misericordia y bondad no puede negarle nada a los hombres que sinceramente se entregan con todo su esfuerzo y capacidad a la labor misionera tal como fue el caso de los primeros evangelizadores, de tal manera que sucedió el milagro que cambió la inercia: la aparición de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego que ahora reconocemos como Santo, pero lo más resaltable de la aparición fue la manera como lo hizo, la Santísima Virgen se dirigió de manera directa con la nación mexicana por medio de San Juan Diego. Se comunicó con un lenguaje que los nativos podían entender claramente, el ayate en sí mismo es un código prehispánico que ante la fatalidad de su cultura que se manifestaba con la diaria muerte y nacimiento del sol se presentaba como un mensaje de esperanza irresistible para la mayoría de los nativos, no es lo mismo matar a los hijos de estas tierras para que los dioses vivan, que Dios entrega su hijo a la muerte para que los hombres vivan, y para los españoles no podía ser de otra manera al observar a la Santísima Virgen María con los rasgos mestizos, haciéndoles ver la responsabilidad que tenían en sus manos.

2.4.   Hombres locos por la evangelización.

Otro hecho que impulsó la conquista espiritual fue las bendiciones que Dios nos concedió al permitir que vinieran a encabezar la evangelización hombres tan santos y llenos del espíritu evangelizador, empezando por el primer Obispo de México Fray Juan de Zumárraga, a quien en su momento no le bastó la gran tarea de evangelizar las gentes de aquí, sino que llegó a solicitar permiso para ir a evangelizar a la China[1] la cual tal como ahora es una de las regiones del mundo que más necesitan del mensaje evangelizador, finalmente no se le concedió el permiso, pero ésta es una muestra del fuego que ardía en su alma que era fruto de su deseo de dar una respuesta positiva al llamado que Cristo nos hace a todos los cristianos de evangelizar a todo el mundo.

Otro ejemplo fue el testimonio del primer Obispo de Michoacán Don Vasco de Quiroga quien desde antes de tener la investidura episcopal ya realizaba una labor misionera fundando sus pueblos hospital en Santa Fe México y Santa Fe de la Laguna en Michoacán, en los hechos, él no escatimó su amor hacia los indígenas pues como oidor de la Segunda Audiencia, actuaba con justicia y defendía a los nativos. En esos tiempos la corona autorizó reprimir a los nativos en los casos en que emprendieran la guerra en contra de los españoles y después de ser sofocada la rebelión, los españoles tenían el derecho de tomar como servidores a los belicosos, Vasco de Quiroga afirmaba sin temor a equivocarse que los nativos eran sumamente dóciles, aún los chichimecas que tenían fama de conflictivos y que, en su caso, cuando sucedían refriegas, era porque algunos de los españoles con ambiciones desmedidas atentaban contra algunos de los derechos de los nativos y éstos en consecuencia se defendían. Con esto algunos españoles alegaban que tenían derecho al dominio y aseguramiento de los territorios de dichos indígenas[2].

Estos dos obispos son ejemplo de los muchos testimonios que dieron los evangelizadores, pero no solo el ámbito eclesial hizo su aporte a la evangelización, los monarcas y las autoridades que de ellos se desprendían, y en general la sociedad a la que representaban era uno de los últimos reductos de la época previa al renacimiento. Se puede decir que la hazaña evangelizadora de la Nueva España es uno de los últimos esfuerzos por construir la “Ciudad de Dios de San Agustín”[3], los evangelizadores venían con el espíritu de construir una sociedad cercana a la vivida por los primeros cristianos como la cita dicta “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían en común… No había entre ellos ningún necesitado…“ (Hch. 4,32-34) como ejemplo se puede analizar las costumbres que se enseñaron a los nativos en los mismos Pueblos Hospital de Vasco de Quiroga que han perdurado tradiciones hasta la actualidad.

Si hay una obra literaria que refleje el pensamiento de la sociedad española de la época es El Quijote, de Don Miguel de Cervantes Saavedra, en donde, con gran ingenio, manifiesta que aunque el mundo nos tache de locos siempre hay que hacer lo correcto, parece ser que los evangelizadores eran como Don Quijote; los únicos cuerdos en un mundo de locos, pero que gracias a esa locura originada por su amor lograron cohesionar esta nación llamada México, unida en una sola lengua, una sola religión y costumbres muy similares en todas las regiones.

2.5.   La nación mexicana se pone a prueba.

Hasta aquí se dan elementos para comprobar lo enraizada que está la fe católica en los mexicanos y se puede deducir que fruto de estos antecedentes es la solidez de la misma fe de la nación, no obstante hay ejemplos en la historia antes de la época revolucionaria que demuestran que la fe de los mexicanos no era solo superficial y de aquí en adelante trataré de demostrarlo citando los ejemplos pertinentes.

Ahora está de moda afirmar que debemos celebrar por “200 años de ser orgullosamente mexicanos”, pero no es así de simple, considero que hay dos elementos que definen lo que llamamos Nación, el primero de ellos es el punto de inicio en el que todos los individuos pueden coincidir que se inició la nación; para el caso práctico asumo que el primer origen de nuestra nación lo constituye la aparición de la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac. La Virgen María tal como se manifiesta, refleja una nueva realidad ya no indígena, ni española, sino una mezcla; aunque también deduzco que para la sociedad de entonces este mensaje no reflejaba el nacimiento de una nueva nación tan claramente, como mencioné anteriormente, representaba más bien un mensaje de esperanza. El otro elemento que asevero define una nueva nación es que los miembros de la misma tengan conciencia de sí mismos como una nación diferente y hay un momento en la historia de México en donde se dan los primeros pasos hacia esta conciencia nacional, me refiero a la expulsión de los Jesuitas. Eran tiempos difíciles, en España las autoridades estaban siendo convulsionadas por ideas liberales, los ideales que originalmente tenían los Reyes Católicos Isabel y Fernando se estaban olvidando por varias causas, en principio la casa de Habsburgo había dejado de reinar en España dando lugar a la casa de Borbón en el año 1700, la nueva casa reinante cambiaría diametralmente las pautas de comportamiento de la Corona Española.

Era otra la dinámica de los cambios en esos tiempos, aunque en España a partir del 1700 las modificaciones se hicieron evidentes de manera más rápida, en La Nueva España tardaron en llegar, aún en la primera parte del siglo XVIII se vivía un gran desarrollo en todos los órdenes: económicos, sociales, culturales[4] y religiosos, fue hasta el año de 1767 cuando por decreto del rey Carlos III de España se expulsó a los miembros de la compañía de Jesús de los territorios del imperio español, ¿por qué este hecho fue tan determinante?, ya lo apunta el historiador Carlos Pereira al afirmar que los jesuitas son los principales formadores de las clases dirigentes de la época[5], resultaba que dada la nueva dinámica de la casa reinante el clero representaba una dificultad para los fines que se deseaban que era que La Nueva España fuera menos un virreinato para convertirlo más a una colonia tal como las demás naciones europeas por lo general administraban sus territorios conquistados. En ese tiempo el clero secular para esos fines era más conveniente para alcanzar la meta expuesta, pues era más dócil y tenía una dependencia más marcada del estado, a diferencia del clero regular que son más autónomos y por esa característica se convertían en una dificultad.

Se expulsaron 678 jesuitas el 25 de junio de 1767, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, precisamente la principal devoción de dicha orden religiosa, lo que causó un gran repudio social, es complicado no ver en las acciones la influencia de los promotores liberales de la época, incluso hay un hecho significativo que insulta de manera grave a los habitantes de la Nueva España, el hecho fue que el virrey Marqués de Croix afirma que los súbditos nacieron para “callar y obedecer y no para discutir ni opinar en los graves asuntos del gobierno”[6], en ese tiempo la influencia de Francia en España era muy grande y con ellos aparte de las pelucas se imitaban las ideas, de tal manera que la adhesión de los habitantes de la Nueva España a la Madre Patria se empezó a minar porque se daban cuenta que los ideales de antaño ya no eran los que pregonaba la nueva casa reinante, pero parece que no se dieron cuenta de algo que  a los ojos actuales considero que fue una de las principales causas de la independencia y también una forma de obrar del pueblo mexicano que se repitió en la época revolucionaria en los ambientes católicos: el pueblo en esa época había conservado algo que sus dos raíces tenían en común, y era su profunda religiosidad y cuando sintió que estaban siendo atacados los principales promotores de los ideales con los que se identificaba la gente, se dio una ruptura y esto generó el segundo elemento que considero se debe dar para que un pueblo se sepa portador de una nueva nación, ya que el vínculo con España se debilitó y empezó a crecer la idea de que independientemente podrían seguir con sus ideales que tan entrañablemente tenían cultivados en su corazón.

Continuará......


[1] Vasco de Quiroga, Laico Misionero, pag. 189-190, Juan Robles Diosdado, Universidad Vasco de Quiroga, ediciones Papiro Omega.
[2] Vasco de Quiroga, Laico Misionero, pag. 131-132, Juan Robles Diosdado, Universidad Vasco de Quiroga, ediciones Papiro Omega.
[3] HISTORIA DE LOS CRISTIANOS EN AMÉRICA LATINA, pag. 24, Jean Meyer, Ed. Jus.
[4] Francis Clement Kelley, en su libro “México, el país de los altares ensangrentados” cita lo siguiente en la página 16: “Estaba México tan lleno de escuelas y colegios mayores antes de las confiscaciones –escuelas y colegios para niños y niñas, de labores manuales, de arte y oficios de todas clases- que bien se justifica esta declaración: Hasta ese día, jamás hubo sobre la faz de la tierra país alguno que en tiempo tan corto hubiese realizado tanto a favor de la educación.”
[5] Historia del pueblo de México, pag. 154.
[6] Los mitos del bicentenario, pag. 42, Nemesio Rodríguez Lois, Ed. Minos.

domingo, 22 de abril de 2012

LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN -- SEGUNDA ENTREGA


LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN

UNA IGLESIA RENOVADA, VIVA Y COMPROMETIDA CON SU MISIÓN EN LOS ANTECEDENTES, DESARROLLO Y CULMEN DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO EN MÉXICO.

SEGUNDA ENTREGA



2.      México de la mano de Dios.

La familia ahora tan atacada ha sido el seno que Dios ha escogido para transmitir de manera natural los valores, en México ese es el lugar donde se tramite especialmente la doctrina Católica hecha vida, por definición la familia es el primer núcleo de la sociedad, de la calidad de las familias se desprende la calidad de las sociedades, de la calidad de las familias se deriva la calidad de los jóvenes, sería absurdo pensar que todas las familias mexicanas de la época revolucionaria vivían una cultura de valores y principios cristianos, si esto hubiera sido cierto la misma revolución no hubiera sucedido, pero tan absurdo es esto como pensar que no existía en el México de esa época un gran sector de la sociedad conformado por familias sinceramente cristianas católicas y que en algunos casos su grado de virtud llegó al heroísmo en la defensa de su Fe, pero como las cosas no se dan por generación espontánea, hay que encontrar las causas u orígenes de esa sociedad en la que prácticamente el total de la población era católica por definición de bautismo y profesión de la fe, pero con marcadas diferencias en la calidad de la evangelización y vivencia de la misma fe y las razones y raíces del por qué se puede afirmar que las familias y los jóvenes católicos más por su vivencia de la fe que por su autodefinición como tales, tienen una participación determinante en el movimiento revolucionario.

2.1.   Sustento histórico de nuestra nacionalidad.

México, tal como ahora lo conocemos, es fruto de la mezcla por un lado de España y por el otro de los pueblos que habitaban los territorios que ahora demarcan el estado mexicano; aunque hay marcadas diferencias entre estos dos orígenes, ambos tienen algo en común; su profunda religiosidad, por un lado España que por las circunstancias políticas de la Europa de la época previa al descubrimiento de estas tierras se erigía como una nación fiel al Papa ante el avance del protestantismo en el continente, además que en esa época España estaba terminando con más de 700 años de invasión de los Moros en la Península Ibérica, siete siglos en que luchó por su propia libertad y básicamente por la defensa de su Fe, esta es la principal razón del por qué la conquista espiritual de América se realizó con tanto afán, en el momento que se dieron cuenta de la magnitud del descubrimiento se percataron de la misión evangelizadora que Dios les estaba encomendando, aunque también se debe precisar que no todos los españoles tenían esta concepción, pero las personas que tomaban las decisiones más trascendentes en ese tiempo sí tenían clara esta mentalidad.

Por el otro lado, los pueblos que habitaban estas tierras, como ya lo mencioné, tenían una profunda religiosidad, y esta era vivida al grado de ser capaces de sacrificar seres humanos a los dioses a los que les rendían culto, tenían avances significativos en el área de la astronomía y el calendario solar, además eran pueblos acostumbrados a la belicosidad ya que es una realidad que aunque en lo general la cultura de estos pueblos era similar, tenían divergencias que complicaban su proceso de civilización, por ejemplo, la gran cantidad de lenguas que casi era tan variada como la cantidad de pueblos o agrupaciones tales como los Mexicas, Purépechas, Tlaxcaltecas, etc., se puede afirmar que su nivel de civilización sin afán de disminuir sus logros, en algunos aspectos era cercano a la edad de piedra, ya que no conocían la rueda y en el traslado de mercancías no se usaban bestias sino que lo hacían a lomo, como menciono no se puede generalizar ya que cada pueblo tenía circunstancias y características diferentes, No se puede omitir comentar que en algunos casos había vestigios de valores y civilización muy avanzados, uno de los principales exponentes, si no es que el mayor de ellos fue Netzahualcóyotl quien gobernó Texcoco con valor y sabiduría. Asimismo, ganó reputación de sabio y obtuvo una justa fama como poeta. Su amplia formación intelectual se traducía en una elevada sensibilidad estética y un gran amor por la naturaleza, que quedaron reflejados no sólo en la arquitectura de la ciudad, sino también en sus manifestaciones poéticas y filosóficas. Netzahualcóyotl llegó a construir un jardín botánico adornado con hermosas pozas de agua y acueductos en Tetzcotzingo, donde eran habituales las reuniones de poetas e intelectuales. Algunos historiadores han manifestado que aun cuando los acolhuas profesaban el politeísmo, él comenzó a desarrollar la idea de un dios único, al cual llama Tloquenahuaque.

2.2.   Dios interviene con su mano providente.

Así pues, con estos contrastes y circunstancias se puede describir brevemente la situación de ambas partes en el momento previo al encuentro de estos dos mundos y el 2 de enero de 1492 se inicia una serie de hechos de gran trascendencia con la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos obligando a Boabdil, el último rey musulmán, a abandonar la península; en ese mismo año el 3 de agosto, Cristóbal Colón zarpa con destino a lo desconocido siguiendo su intuición de llegar a la India, después el 11 de agosto el cardenal español Rodrigo de Borja, al fallecer el papa Inocencio VIII, es elegido papa tomando el nombre de Alejandro VI y finalmente el 12 de octubre Cristóbal Colón descubre “las Indias”, este año de 1492 parece a los ojos del mundo el año de la fortuna de España pues lo que sucedió en él le permitió en un tiempo más tarde ser “un imperio en donde nunca se oculta el sol” por su tamaño y poder, pero a los ojos de la Fe debe significar un hito de esos en los que Dios escribe en la historia del hombre manifestando claramente su providencia y voluntad, puesto que todo se conjuga de tal manera para que en las tierras de América llegue la doctrina cristiana por medio de un país católico tal como sucedió y que eso permitiera que México y los países centro y sudamericanos fueran ahora en su mayoría católicos.

Continuará......

sábado, 21 de abril de 2012

LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN -- PRIMERA ENTREGA


LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN

PRIMERA ENTREGA

INTRODUCCIÓN

UNA IGLESIA RENOVADA, VIVA Y COMPROMETIDA CON SU MISIÓN EN LOS ANTECEDENTES, DESARROLLO Y CULMEN DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO EN MÉXICO.

1.      ¿Por qué escribir acerca del este tema?

¿Es válido afirmar que la iglesia católica dio un gran aporte a la conformación del estado mexicano por medio de su labor en el transcurso del movimiento revolucionario?, más aún, ¿se puede asegurar que los jóvenes católicos de esa época gracias a su testimonio lograron determinar en mucho la realidad de nuestra nación en el siglo XX?, son cuestiones que pretendo validar y sustentar con este trabajo, pero para poder entender lo que pasó en ese tiempo es necesario comprender en primer lugar la vocación que ha querido darle Dios a nuestra nación y cómo con su infinita sabiduría ha escrito a través de nuestra historia algunas veces en renglones de oro y pétalos de rosa por la forma cariñosa en que ha manifestado su amor, otras con la fortaleza del hierro por la firmeza, perseverancia y amor de sus evangelizadores, hasta llegar a letras escritas con sangre bendita convertida en reliquias de sus mártires y santos que dieron su vida para que tengamos el México del que gozamos actualmente.

La historia de la Iglesia nunca ha dejado de ser trágica, eso es porque el mismo testimonio de Cristo fue trágico, pero también el desenlace de su testimonio de resurrección y ascensión está lleno de Gloria cuando “iba subiendo al cielo” (Lc. 24,51), y parece ser que Dios Nuestro Señor ha querido que nuestra patria escriba su historia con la misma dinámica porque el estudio de lo sucedido durante cinco siglos que esta tierra tiene de conocer a Cristo tiene una pedagogía evangelizadora.

Este documento está escrito con pasión y energía pues considero que de otra manera no se puede entender a los jóvenes y porque precisamente es difícil comprender nuestra historia sin el amor y el arrojo que los jóvenes han manifestado en los diferentes episodios que ha vivido nuestra nación, la Iglesia Católica en México como instrumento de la voluntad de nuestro Señor Jesucristo: “Id, pues  a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28,19) ha trabajado intensamente para formar las conciencias de las personas que conformamos esta nación y esto ha sido un motor que nos impulsa a los católicos a colaborar en la defensa de la dignidad del ser humano, en mucho se ha contribuido a ello sin dejar de mencionar que aún queda mucho por realizar y que el reto actual más importante es permanecer fieles, si conocemos y damos a conocer los testimonios de muchos católicos que ya han aportado a nuestra historia su legado, seguramente el Espíritu Santo nos bendecirá con abundantes vocaciones laicas, misioneras y sacerdotales que fortalezcan la respuesta que debemos dar a Dios en la vocación que nuestra nación tiene en el mundo actual.

Se dice que la historia la escriben los ganadores de los conflictos sociales y es verdad, pero esto no supone una imposibilidad de la sociedad para conocer la verdad, todo esto no significa en automático que los ganadores de los conflictos escribirán la historia a su conveniencia, pero nunca será ocioso hacer un estudio más profundo para mejorar nuestra opinión de los hechos pasados, además por muy veraz que sea el historiador siempre existirá margen de error, de tal manera que ante esta realidad siempre es conveniente estudiar de propia cuenta a autores variados para formar un criterio personal que será bueno y certero en la misma medida de la cantidad de estudio que invirtamos personalmente, si tomamos en cuenta los bajos niveles de lectura que tenemos en México que en promedio son equivalentes a un volumen por año y esto sin tomar en cuenta la calidad de la lectura que se hace, me atrevería a decir como en el evangelio que “la mies es mucha” en miras de que el común de los mexicanos tengamos un criterio histórico cercano a la verdad.

Y a estas circunstancias se debe enfrentar cualquier persona que pretenda escribir algo de los hechos pasados en México, la historia que oficialmente se nos presenta se escribe bajo la definición de un estado “laico”, no es objetivo de este trabajo dilucidar si esa historia es verdadera o falsa, o si es bueno o no el estado laico, pero es importante mencionar el paradigma bajo el cual se escribe la historia oficial para poder interpretarla como tal, ya que los cristianos debemos ver la historia como la serie de hechos que se suceden a través del tiempo en donde se da la lucha entre el bien y el mal, que esta lucha se manifiesta en la vida del ser humano y la sociedad, y en donde el promotor del mal es el demonio y el del bien es Dios, y en donde los cristianos trabajamos bajo la consigna y mandato de Cristo Jesús de evangelizar a todas las gentes bajo la promesa de que a pesar de las dificultades Él reinará al final de los tiempos.

En este mismo orden de ideas la historia que se nos presenta oficialmente da muy pocas luces de la participación de los cristianos en la historia de México y si nos enfocamos en la época revolucionaria pareciera que los católicos y en particular los jóvenes católicos no tienen una participación trascendente, en mi opinión esto es un error y clarificar esto y dar luces en este sentido es mi objetivo.

Continuara.......