martes, 24 de abril de 2012

CUARTA ENTREGA -- LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN


 LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN

CUARTA ENTREGA

2.6.   Primera prueba: la independencia.

Si esto lo entendemos bien todo el movimiento de la independencia se puede comprender de manera muy simple, Cuando Fernando VII estaba preso por Napoleón, el cura Miguel Hidalgo se levanta al grito de “Viva la Virgen de Guadalupe, Viva Fernando VII y muera el mal gobierno”, tres elementos: el religioso en primer lugar, otro elemento era Fernando VII que se pensaba se le podía acoger como Rey de La Nueva España pues representaba la idea de perdurar con la política tradicional española, y el tercero era que ya a esas alturas la influencia francesa en la Nueva España era muy grande y no tenía contenta a la sociedad, aunque hay que decir que la idea de levantarse en armas de Hidalgo no era compartida por todos, finalmente por eso fracasó el movimiento armado, aún Morelos en los Sentimientos de la Nación menciona como parte de la identidad mexicana a la Iglesia Católica como única religión, pero unos años después en 1821 se da el hecho que demuestra el carácter católico de la sociedad cuando el 28 de septiembre se firma el acta de independencia del Imperio Mexicano, un día después de la entrada del ejercito trigarante o de las tres garantías en donde por primera vez se usan los tres colores de nuestra enseña nacional y las cuales eran: “la unidad religiosa teniendo al catolicismo como única religión, La independencia completa respecto de España con una monarquía constitucional como gobierno, ofreciéndose la Corona a Fernando VII, o en su defecto a otro miembro de su familia y la unión de todos sus habitantes sin distinción de razas”.[1]

RELIGION, UNIÓN E INDEPENDENCIA, blanco, rojo y verde respectivamente, es una de las pocas veces en que la gran mayoría de los habitantes de México están unidos en un mismo objetivo.

2.7.   Segunda prueba: la revolución.

Sin embargo de ser un final feliz la historia se convirtió en una sucesión de hechos trágicos ya que el siglo XIX en México se caracterizó por innumerables revueltas, arrebatingas por el poder, invasiones extranjeras, persecución a la Iglesia, todo esto desorientó al país y con ello a los mismos católicos, pero como muchas veces en la historia, Dios por medio de la Divina Providencia interviene a favor de la promoción de la Iglesia, el 15 de mayo de 1891 el papa León XIII escribe la primera encíclica social, la Rerum Novarum, en ella da respuesta a las convulsiones que el mundo estaba viviendo a causa de la revolución industrial, el avance del capitalismo y el comunismo.

Pero no fue tan sencillo como está escrito en el párrafo anterior, en realidad se dieron circunstancias que favorecieron que la Iglesia gozara de cierta libertad para renovarse en México. Tan pronto como el papa León XIII asumió el papado, realizó una labor diplomática de conciliación, envió cartas a todos los monarcas y jefes de estado invitándolos a estrechar lazos entre la Santa Sede y las respectivas naciones, esta acción respondía a la herencia que recibió de su antecesor el papa Pío IX (1846-1878), después de la perdida de los Estados Pontificios, a lo largo del pontificado de León XIII las relaciones Iglesia-Estado mejoran notoriamente en lo general promoviendo un ambiente de distención del cual México no estuvo exento.

Por otro lado el general Porfirio Díaz quiere hacer algo similar pues pretende borrar en lo posible la imagen que México había acumulado durante tantas décadas de conflictos y revoluciones, y procurar mostrar un gobierno con rostro civilizado y moderno. Para lograr esto, entre muchas cosas debía mejorar sus relaciones con la Iglesia y esto se pudo alcanzar gracias a las relaciones que tenía Don Porfirio con las altas jerarquías de la Iglesia. La misión diplomática de monseñor Nicolas Averardi (1896-1900) y la mesura que el visitador pontificio exige a los periodistas católicos son algunos de los factores que generan una atmósfera propicia para la conciliación de interés dando como resultado que la Iglesia en México tuviera oportunidad de reorganizarse y renovarse[2].

También al interior de la Iglesia en México se dieron varias circunstancias que favorecieron una renovación, entre ellas se puede mencionar que el Concilio Vaticano I dio una renovada seguridad doctrinal a toda la Iglesia; los gestos renovadores de León XIII y su capacidad diplomática fueron interpretados por el Episcopado Mexicano como una invitación a suavizar las posturas polémicas; el acento social del Magisterio pontificio, acentuado con la encíclica Rerum Novarum (1891) impulsaba el avance de las organizaciones católicas y estimulaba la atención en el campo social y político; el fallecimiento del arzobispo de México, Pelagio Antonio Labastida, en 1891, protagonista de los difíciles años del imperio, de la restauración republicana y de las leyes de reforma y la toma de posesión de su sucesor, Próspero María Alarcón; y el elemento que puede ser el más importante: la constatación del atraso del catolicismo mexicano en lo que se refiere a pastoral social y a la organización de las fuerzas del laicado, todo esto impulsó la urgencia de hacer presente el mensaje cristiano en la sociedad de la época para regenerarla.

Un ejemplo que prueba la apertura que estaba teniendo el gobierno fue la celebración en México del Concilio Plenario de América Latina del 28 de mayo al 9 de julio de 1899, el Visitador Averardi menciona en una carta a Eulogio Gillow, arzobispo de Antequera que el mismo gobierno ve con buenos ojos la celebración del evento en México[3].

A esto se suman los Congresos Católicos Nacionales realizado el primero en la ciudad de Puebla en 1903, y el segundo Congreso Católico Nacional y primero Mariano se celebró en Morelia en 1904. En Puebla el tema principal fue la cuestión social y en Morelia predominó el tema Mariano, pero no por esto se dejó de lado el tema social, de hecho fue la primera vez que se trató el tema indígena[4].

Todos estos antecedentes muestran una Iglesia preocupada y ocupada por una sincera renovación, además deja ver el compromiso que ésta asumía de iluminar con la doctrina la cuestión social, de esta manera se generaron muchas inquietudes en la sociedad y en especial en los círculos obreros los cuales estaban preocupados por su cuestión laboral, se puede decir que lo que la Iglesia hizo en México durante los años previos a la revolución generó un ambiente que propició en buena medida la idea de una renovación política que se tradujera en condiciones laborales justas, desafortunadamente el desenlace fue de nueva cuenta trágico ya que la inquietud social degeneró en el movimiento armado revolucionario que dejó como saldo un millón de muertes, entre ellos los mártires de la guerra Cristera.

2.8.   Análisis: ¿en qué posición quedo la Iglesia durante la revolución?

Lo que sucedió a la Iglesia Católica como lo comenté al inicio de este trabajo se puede ver de dos maneras, si analizamos los hechos sin tomar en cuenta la intervención de Dios podemos afirmar que la Iglesia tuvo “mala fortuna” ya que cuando Victoriano Huerta ocupó la Presidencia, existió cierto acercamiento entre él y algunos obispos con intenciones diferentes. Primero el presidente consideró que el apoyo de la Iglesia podía representarle un respaldo y los obispos pensaron que de esa manera podían asegurar una continuidad de la paz porfiriana que le asegurara a la Iglesia continuar con el desarrollo que había tenido durante la paz porfiriana. No se pretende juzgar a Victoriano Huerta como un personaje positivo o negativo para la historia, solo que en la visión que estamos analizando resultó que sus enemigos políticos le ganaron la partida y consideraron a la Iglesia como parte de la maldad que Victoriano Huerta representaba para ellos, de tal manera que esto les dio los argumentos necesarios para justificar las leyes anticlericales que se manifestaron en la constitución de 1917 y que desencadenaron en la persecución religiosa sucedida en México de 1926 a 1929.

Pero esa visión se queda corta para los creyentes, ya que en una visión trascendente se debe asumir que Dios permite males para sacar bienes mayores y si bien por los movimientos políticos de la época se puede decir que la Iglesia fue lastimada; finalmente resultó fortalecida por el testimonio de congruencia y heroísmo que mostraron muchos mexicanos y de manera más particular los jóvenes católicos, en especial los mártires que dio la persecución, la identidad de una nación no se puede cambiar por decreto y durante la mayoría del siglo XIX los principales portadores de esa identidad eran los católicos y estos, por razones ya expuestas anteriormente habían permanecido confundidos y hasta cierto punto aletargados, pero cuando existieron las condiciones propicias, los católicos resurgieron con un gran ímpetu y si ese letargo pareció de alguna manera que la esencia del catolicismo estaba perdiéndose en la sociedad resultó que no fue así, no se pueden dar mártires ni en la cantidad en que se dieron si el mensaje cristiano no está suficientemente consolidado en la sociedad, a los jóvenes se les reconoce como los principales actores de las transformaciones sociales, pero en la historia pocas veces se habla en particular de ellos como promotores de los cambios sociales, en México el testimonio que dio por ejemplo la ACJM (Acción Católica de la Juventud Mexicana) da cuenta de cómo fueron capaces de organizarse de manera sumamente eficiente en las labores de la defensa de los derechos de la Iglesia y colaborando en la solución de gravísimo problema social, bajo la inspiración y animación del padre Bernardo Bergoend (1871-1943).

Continuará....

[1] Los mitos del bicentenario, pag. 102, Nemesio Rodríguez Lois, Ed. Minos.
[2] EL AGUIJON DE ESPÍRITU, Historia contemporánea de la Iglesia en México (1892-1992), pag. 45-47 José Miguel Romero de Solis Ed. Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC).
[3] Averadi a Eulogio Gillow (27 de febrero de 1898), en: VAM-ASV, caja 13 pos. 151: Sinodi provinciali e diocesani. Sinodo nazionale. Concilio Plenario, f 267 vta. “Como bien sabe V.S.I, yo en una relación que hice a la Santa Sede, expuse la conveniencia que sería celebrar en esta República dicho concilio plenario; idea que mucho agrado al Excmo. Sr. Presidente (según me lo indico alguna vez que le hable de este asunto), y que reportaría, así en lo político como en lo religioso, grandes bienes a la Iglesia Mexicana, Por consiguiente, el parecer de V.S.I. y el de los otros Ilmos. Sres. Obispos vendría a confirmar lo ya expuesto por mí a la Santa Sede.”
[4] Memoria del Segundo Congreso Católico Mariano, Morelia, Talleres tipográficos de Agustín Martínez Mier, 1905.

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