lunes, 23 de abril de 2012

LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN -- TERCERA ENTREGA


 LOS AMBIENTES CATÓLICOS JUVENILES EN TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN

TERCERA ENTREGA

2.3.   Un milagro cambia la inercia.

La conquista espiritual no se dio por decreto, ni tampoco sucedió de un día a otro. Se hicieron muchos esfuerzos en los primeros años, pero los resultados si no eran pobres en sí porque una sola alma conversa vale cualquier campaña; se puede decir que los resultados fueron pequeños en proporción con el total de la gente que se debía evangelizar, pero considero de manera personal que Dios en su infinita misericordia y bondad no puede negarle nada a los hombres que sinceramente se entregan con todo su esfuerzo y capacidad a la labor misionera tal como fue el caso de los primeros evangelizadores, de tal manera que sucedió el milagro que cambió la inercia: la aparición de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego que ahora reconocemos como Santo, pero lo más resaltable de la aparición fue la manera como lo hizo, la Santísima Virgen se dirigió de manera directa con la nación mexicana por medio de San Juan Diego. Se comunicó con un lenguaje que los nativos podían entender claramente, el ayate en sí mismo es un código prehispánico que ante la fatalidad de su cultura que se manifestaba con la diaria muerte y nacimiento del sol se presentaba como un mensaje de esperanza irresistible para la mayoría de los nativos, no es lo mismo matar a los hijos de estas tierras para que los dioses vivan, que Dios entrega su hijo a la muerte para que los hombres vivan, y para los españoles no podía ser de otra manera al observar a la Santísima Virgen María con los rasgos mestizos, haciéndoles ver la responsabilidad que tenían en sus manos.

2.4.   Hombres locos por la evangelización.

Otro hecho que impulsó la conquista espiritual fue las bendiciones que Dios nos concedió al permitir que vinieran a encabezar la evangelización hombres tan santos y llenos del espíritu evangelizador, empezando por el primer Obispo de México Fray Juan de Zumárraga, a quien en su momento no le bastó la gran tarea de evangelizar las gentes de aquí, sino que llegó a solicitar permiso para ir a evangelizar a la China[1] la cual tal como ahora es una de las regiones del mundo que más necesitan del mensaje evangelizador, finalmente no se le concedió el permiso, pero ésta es una muestra del fuego que ardía en su alma que era fruto de su deseo de dar una respuesta positiva al llamado que Cristo nos hace a todos los cristianos de evangelizar a todo el mundo.

Otro ejemplo fue el testimonio del primer Obispo de Michoacán Don Vasco de Quiroga quien desde antes de tener la investidura episcopal ya realizaba una labor misionera fundando sus pueblos hospital en Santa Fe México y Santa Fe de la Laguna en Michoacán, en los hechos, él no escatimó su amor hacia los indígenas pues como oidor de la Segunda Audiencia, actuaba con justicia y defendía a los nativos. En esos tiempos la corona autorizó reprimir a los nativos en los casos en que emprendieran la guerra en contra de los españoles y después de ser sofocada la rebelión, los españoles tenían el derecho de tomar como servidores a los belicosos, Vasco de Quiroga afirmaba sin temor a equivocarse que los nativos eran sumamente dóciles, aún los chichimecas que tenían fama de conflictivos y que, en su caso, cuando sucedían refriegas, era porque algunos de los españoles con ambiciones desmedidas atentaban contra algunos de los derechos de los nativos y éstos en consecuencia se defendían. Con esto algunos españoles alegaban que tenían derecho al dominio y aseguramiento de los territorios de dichos indígenas[2].

Estos dos obispos son ejemplo de los muchos testimonios que dieron los evangelizadores, pero no solo el ámbito eclesial hizo su aporte a la evangelización, los monarcas y las autoridades que de ellos se desprendían, y en general la sociedad a la que representaban era uno de los últimos reductos de la época previa al renacimiento. Se puede decir que la hazaña evangelizadora de la Nueva España es uno de los últimos esfuerzos por construir la “Ciudad de Dios de San Agustín”[3], los evangelizadores venían con el espíritu de construir una sociedad cercana a la vivida por los primeros cristianos como la cita dicta “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían en común… No había entre ellos ningún necesitado…“ (Hch. 4,32-34) como ejemplo se puede analizar las costumbres que se enseñaron a los nativos en los mismos Pueblos Hospital de Vasco de Quiroga que han perdurado tradiciones hasta la actualidad.

Si hay una obra literaria que refleje el pensamiento de la sociedad española de la época es El Quijote, de Don Miguel de Cervantes Saavedra, en donde, con gran ingenio, manifiesta que aunque el mundo nos tache de locos siempre hay que hacer lo correcto, parece ser que los evangelizadores eran como Don Quijote; los únicos cuerdos en un mundo de locos, pero que gracias a esa locura originada por su amor lograron cohesionar esta nación llamada México, unida en una sola lengua, una sola religión y costumbres muy similares en todas las regiones.

2.5.   La nación mexicana se pone a prueba.

Hasta aquí se dan elementos para comprobar lo enraizada que está la fe católica en los mexicanos y se puede deducir que fruto de estos antecedentes es la solidez de la misma fe de la nación, no obstante hay ejemplos en la historia antes de la época revolucionaria que demuestran que la fe de los mexicanos no era solo superficial y de aquí en adelante trataré de demostrarlo citando los ejemplos pertinentes.

Ahora está de moda afirmar que debemos celebrar por “200 años de ser orgullosamente mexicanos”, pero no es así de simple, considero que hay dos elementos que definen lo que llamamos Nación, el primero de ellos es el punto de inicio en el que todos los individuos pueden coincidir que se inició la nación; para el caso práctico asumo que el primer origen de nuestra nación lo constituye la aparición de la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac. La Virgen María tal como se manifiesta, refleja una nueva realidad ya no indígena, ni española, sino una mezcla; aunque también deduzco que para la sociedad de entonces este mensaje no reflejaba el nacimiento de una nueva nación tan claramente, como mencioné anteriormente, representaba más bien un mensaje de esperanza. El otro elemento que asevero define una nueva nación es que los miembros de la misma tengan conciencia de sí mismos como una nación diferente y hay un momento en la historia de México en donde se dan los primeros pasos hacia esta conciencia nacional, me refiero a la expulsión de los Jesuitas. Eran tiempos difíciles, en España las autoridades estaban siendo convulsionadas por ideas liberales, los ideales que originalmente tenían los Reyes Católicos Isabel y Fernando se estaban olvidando por varias causas, en principio la casa de Habsburgo había dejado de reinar en España dando lugar a la casa de Borbón en el año 1700, la nueva casa reinante cambiaría diametralmente las pautas de comportamiento de la Corona Española.

Era otra la dinámica de los cambios en esos tiempos, aunque en España a partir del 1700 las modificaciones se hicieron evidentes de manera más rápida, en La Nueva España tardaron en llegar, aún en la primera parte del siglo XVIII se vivía un gran desarrollo en todos los órdenes: económicos, sociales, culturales[4] y religiosos, fue hasta el año de 1767 cuando por decreto del rey Carlos III de España se expulsó a los miembros de la compañía de Jesús de los territorios del imperio español, ¿por qué este hecho fue tan determinante?, ya lo apunta el historiador Carlos Pereira al afirmar que los jesuitas son los principales formadores de las clases dirigentes de la época[5], resultaba que dada la nueva dinámica de la casa reinante el clero representaba una dificultad para los fines que se deseaban que era que La Nueva España fuera menos un virreinato para convertirlo más a una colonia tal como las demás naciones europeas por lo general administraban sus territorios conquistados. En ese tiempo el clero secular para esos fines era más conveniente para alcanzar la meta expuesta, pues era más dócil y tenía una dependencia más marcada del estado, a diferencia del clero regular que son más autónomos y por esa característica se convertían en una dificultad.

Se expulsaron 678 jesuitas el 25 de junio de 1767, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, precisamente la principal devoción de dicha orden religiosa, lo que causó un gran repudio social, es complicado no ver en las acciones la influencia de los promotores liberales de la época, incluso hay un hecho significativo que insulta de manera grave a los habitantes de la Nueva España, el hecho fue que el virrey Marqués de Croix afirma que los súbditos nacieron para “callar y obedecer y no para discutir ni opinar en los graves asuntos del gobierno”[6], en ese tiempo la influencia de Francia en España era muy grande y con ellos aparte de las pelucas se imitaban las ideas, de tal manera que la adhesión de los habitantes de la Nueva España a la Madre Patria se empezó a minar porque se daban cuenta que los ideales de antaño ya no eran los que pregonaba la nueva casa reinante, pero parece que no se dieron cuenta de algo que  a los ojos actuales considero que fue una de las principales causas de la independencia y también una forma de obrar del pueblo mexicano que se repitió en la época revolucionaria en los ambientes católicos: el pueblo en esa época había conservado algo que sus dos raíces tenían en común, y era su profunda religiosidad y cuando sintió que estaban siendo atacados los principales promotores de los ideales con los que se identificaba la gente, se dio una ruptura y esto generó el segundo elemento que considero se debe dar para que un pueblo se sepa portador de una nueva nación, ya que el vínculo con España se debilitó y empezó a crecer la idea de que independientemente podrían seguir con sus ideales que tan entrañablemente tenían cultivados en su corazón.

Continuará......


[1] Vasco de Quiroga, Laico Misionero, pag. 189-190, Juan Robles Diosdado, Universidad Vasco de Quiroga, ediciones Papiro Omega.
[2] Vasco de Quiroga, Laico Misionero, pag. 131-132, Juan Robles Diosdado, Universidad Vasco de Quiroga, ediciones Papiro Omega.
[3] HISTORIA DE LOS CRISTIANOS EN AMÉRICA LATINA, pag. 24, Jean Meyer, Ed. Jus.
[4] Francis Clement Kelley, en su libro “México, el país de los altares ensangrentados” cita lo siguiente en la página 16: “Estaba México tan lleno de escuelas y colegios mayores antes de las confiscaciones –escuelas y colegios para niños y niñas, de labores manuales, de arte y oficios de todas clases- que bien se justifica esta declaración: Hasta ese día, jamás hubo sobre la faz de la tierra país alguno que en tiempo tan corto hubiese realizado tanto a favor de la educación.”
[5] Historia del pueblo de México, pag. 154.
[6] Los mitos del bicentenario, pag. 42, Nemesio Rodríguez Lois, Ed. Minos.

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