sábado, 8 de junio de 2013

La vida de Don Quique.



 Don Quique
“Que lo que te defina no sean las palabras sino los hechos.”


Hablar del suceso de la muerte por el que todos sabemos que vamos a pasar algún día, resulta un tanto desmoralizador, en el caso de hablar de éste tema sobre las personas que ya han partido puede hacer brotar diferentes sentimientos definidos en intensidad por la distancia temporal de la pérdida, a una semana de que mi “papi” como le llamaba cuando era chico partió, tengo un tornado de sentimientos que espero poner en orden y en su justa medida con este testimonio.

“Don Quique” como era conocido mi papá era una persona que por su condición humana como todos tenia luces y sombras, lo que es cierto es que no nos toca juzgar sus actos ya que sólo Dios juzga con certeza sobre los humanos, incluso cuando tratamos de juzgarnos a nosotros mismos solemos hacerlo con error, pero hay un mandamiento de la ley de Dios que habla sobre nuestros padres y reza: “Honrarás a tu padre y a tu madre” ante esto y por el amor que le tengo a mi papá cumplo con el mandamiento al dar a conocer el legado que me ha dejado a mí ya que soy consciente que Dios nos da a cada quien lo que necesitamos para lograr la misión particular a la cual nos llama con nuestra vida, mi papá terminó su misión personal hace ocho días, pero en el plan de Dios la misión que va teniendo un padre se comparte de generación en generación participándose a los hijos en la medida que trasmite valores para alcanzar el último fin de la humanidad, que se enmarca en el fin de los tiempos, así que la misión no termina aún.

Mi papá nos contaba que desde muy pequeño mi abuelo le enseñó a trabajar, y no era su trabajo cosa sencilla, mi abuelo Carlos se dedicaba a trasladar ganado a Morelia desde comunidades cercanas y no tan cercanas, en los tiempos actuales puede parecer no muy difícil esta tarea, si no fuera porque cuando mi abuelo y mi papá lo trasladaban, lo hacían a pie y descansando donde la noche los agarrara, de ese tramo de su vida nos compartió muchas experiencias como la vez que llegaron a ver a un amigo de mi abuelo en la localidad de Villa Madero, ese conocido tenía una vinata de mezcal de la cual nos decía, salía el destilado escurriendo de un alambre de cobre, el dueño les ofreció un poco, no sin antes hacer la demostración de tomar en un vaso pequeño un poco y arrojarlo al cielo, mi papá nos contaba con gracia que del preciado líquido no caída nada al suelo pues inmediatamente se evaporaba por los grados de alcohol que contenía. Termina la historia con mi papá durmiendo una siesta bajo un árbol después de que tomó un vasito y se relajó de tal manera que no pudo contener el sueño.

En esas andanzas andaban pero el negocio no era muy bueno y resultó que a mi abuelo una persona que le debía un dinero le pagó con una “carnicería” tal vez carnicería sería mucho decir, ya que mi papá decía que sólo eran algunos cuchillos, un trozo de madera para el hacha y otros pocos enseres, no sé cómo fueron los hechos exactos pero enseguida mi padre puso en marcha el negocio de la carnicería, efectivamente no sabía nada del negocio, ni cómo aplanar un bistec, pero contrató a un “chalán” del cual le aprendió el oficio y para pronto enseñó a mi abuelo buscando que tuvieran una vida menos difícil con ese negocio. De ahí surge otra anécdota, mi papá contaba que enseñó a mi abuelo a aplanar bistec poniéndolo a practicar con un trozo de “rompecamisa”, el “rompecamisa” es un nervio de un centímetro de grueso, aproximadamente 10 de ancho el cual es un tendón de color amarillo muy resistente, es obvio que mi abuelo nunca podría aplanar semejante pieza, decía mi papá que después de que mi abuelo se enfadó pues no le hacía nada al nervio, no hubo bistec que se le resistiera en el aplanado pues había tenido una práctica muy “capacitadora”, lo que mi papá quería decirnos es que muchas veces las cosas más difíciles son las que nos preparan mejor para enfrentar la vida y que entonces no debíamos eludir esas situaciones sino enfrentarlas.

Efectivamente debo decir que la veracidad de estas historias no la puedo asegurar, pero mi padre las contaba con tal detalle y emoción que a mí no quedaba duda de que fueran reales.

Muchas otras aventuras me contó mi padre de cómo construyó su negocio; unas tan increíbles como cuando acudió a una tienda de refrigeradores para pedir un crédito para comprar una vitrina eléctrica para la carnicería, pero que el dueño al verlo tan humilde pero tan decidido le dio una vitrina vieja pero que aún funcionaba que tenía arrumbada en la bodega, con la promesa de que cuando tuviera dinero para el enganche de la vitrina nueva mi papá la regresaría y entonces le otorgaría el crédito para comprar la vitrina nueva, cosa que mi papá cumplió, y pudo tener su vitrina eléctrica para el negocio. Muchas historias como éstas hay de cómo pasaban cosas realmente increíbles pero que con la confianza en la providencia y su empeño lograba los objetivos que se proponía.

Como en todas las familias los hijos suelen provocar problemas o dificultades, hablando de mi persona mi papá siempre me sacaba de los problemas en los que me metía, no sin la respectiva reprimenda, pero hubo situaciones realmente difíciles como la vez que sufrí un accidente que me dejó al borde de la muerte, pasado un tiempo cuando los abuelos, padres de mi mamá, fueron a visitarme a mi casa y que soltaron las lágrimas de cómo me veían un tanto desfigurado, mi papá me reveló y también a ellos que cuando estaba en el hospital los doctores ya le habían dicho que perdiera las esperanzas pues no había manera de salvarme de la hemorragia interna que tenía, me dijo que sintió como si cayera en un abismo, pero nuevamente la providencia ayudó y ahí me tenían, mallugado pero vivo, o cuando dos años después me enfermé de una varicela que me provocó una encefalitis que me mantuvo 5 días en coma, el tesón que tuvo para conseguir las medicinas que eran difíciles de localizar y nada baratas para lograr nuevamente el objetivo que tenía en mente de salvarme, y lo consiguió.

Para mí todo lo que hizo por mi persona nunca hubiera podido pagárselo y la única forma de hacerlo sería haciendo lo mismo con mi hijos.

Tiempo después que me recuperé, Dios me llamó a modificar mi vida y estaba tan entusiasmado que decidí irme de misionero, el lugar a donde iríamos era la comunidad de Puruarán en el municipio de Turicato, bueno, más exactamente, era una comunidad a dos horas de brecha de Puruarán, se llama “Chiquito el Grande”, en ese tiempo esa zona era más peligrosa de lo que ahora estamos viviendo con la delincuencia, y eso pintaba un obstáculo muy fuerte pues pensaba que mi papá no me daría permiso, con miedo fui a decirle que iba a ir de misiones a ese lugar. Estirando una ceja, agudizando la mirada (el “kikazo”) y con tono fuerte me dijo “¿con permiso de quién?”, efectivamente no le estaba pidiendo permiso y eso estaba mal, pero en ese momento por el miedo que me causaba su autoridad lo único que atiné a decir fue que “como Dios me había dejado vivir debía pagarle de alguna manera”, lo único que me dijo entonces fue que “con eso que me dices me desarmas, vete y que Dios te cuide”, mi Padre se daba cuenta que Dios me hacía el llamado y supo respetar eso pues también era consiente que Dios siempre había ayudado a la familia a salir adelante.

En ese tiempo yo vivía mi juventud con un gran entusiasmo y algunos amigos me invitaron a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa Juan Pablo II en Denver, Colorado, Estados Unidos. Como yo estaba en un tiempo de euforia y que pensaba que no había nada que me detuviera tuve el atrevimiento de decirle a mi papá que quería ir, que ¿cómo veía?, él me contestó: “si tú piensas que es bueno asistir y si tienes ganas de ir lo único que necesitas es decírmelo porque mi obligación es apoyarte” , yo francamente no pensaba que me contestara eso pues en la casa había problemas económicos, pero nuevamente echó mano de la confianza en Dios y me ayudó para hacer ese viaje, hasta la fecha no sé cómo resolvió el problema.

Así pues puedo compartir que mi papá vivió su vida intensamente, las anécdotas que me contaba dan testimonio de ello, tenía una personalidad recia, tal vez deba remarcar “RECIA” ya que tenía un carácter fuerte y firme que a través de los años fue moderando en el proceso normal que todos tenemos para pulir nuestra personalidad, esta característica opaca un poco otras tantas que son las que le daban su personalidad completa y que en conjunto es cuando podemos ver el verdadero brillo de su persona.

Mi padre era: generoso, sencillo, responsable, tenía un sentido de la providencia muy grande, divertido, dedicado, le gustaba el orden, se preocupaba por formar nuestro criterio, amiguero, le gustaba la política y tenía cualidades en ese sentido pues pensaba que se podían hacer mejor las cosas en beneficio de la sociedad, me transmitió una gran confianza para enfrentar la vida y en lo que él hacía, siempre ponía el máximo esfuerzo en hacerlo bien.

Hay muchísimas historias complementarias, más las que saben mis hermanos, pero pienso que en su mayoría reflejan la misma idea de este escrito, yo me quedo con la imagen de la ternura como veía a mi mamá en sus últimos días y después de estar tan reciente la celebración de sus 50 años de casados, que también es un ejemplo pues 50 años y un montón de problemas no pudieron romper ese matrimonio, sino sólo la promesa: “hasta que la muerte los separe”, se dice fácil, pero no cualquiera.


Papá, te doy gracias por todo lo que me ayudaste durante toda mi vida, y por enseñarme a encomendarme a Dios para que nos vaya bien durante el día, le pido a Nuestro Señor Jesús te conceda estar ya con él y con mi niño Héctor que junto contigo se nos adelantaron y espero no traicionar los buenos ejemplos que me diste, porque de esta manera es como la sociedad avanza, cuando a las personas las definen sus buenos hechos y no las palabras vacías.

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