Don Quique
“Que lo que te defina no sean las palabras sino los
hechos.”
Hablar del
suceso de la muerte por el que todos sabemos que vamos a pasar algún día,
resulta un tanto desmoralizador, en el caso de hablar de éste tema sobre las
personas que ya han partido puede hacer brotar diferentes sentimientos definidos
en intensidad por la distancia temporal de la pérdida, a una semana de que mi
“papi” como le llamaba cuando era chico partió, tengo un tornado de
sentimientos que espero poner en orden y en su justa medida con este testimonio.
“Don Quique”
como era conocido mi papá era una persona que por su condición humana como
todos tenia luces y sombras, lo que es cierto es que no nos toca juzgar sus
actos ya que sólo Dios juzga con certeza sobre los humanos, incluso cuando
tratamos de juzgarnos a nosotros mismos solemos hacerlo con error, pero hay un mandamiento
de la ley de Dios que habla sobre nuestros padres y reza: “Honrarás a tu padre y a tu madre” ante esto y por el amor que le
tengo a mi papá cumplo con el mandamiento al dar a conocer el legado que me ha
dejado a mí ya que soy consciente que Dios nos da a cada quien lo que
necesitamos para lograr la misión particular a la cual nos llama con nuestra
vida, mi papá terminó su misión personal hace ocho días, pero en el plan de
Dios la misión que va teniendo un padre se comparte de generación en generación
participándose a los hijos en la medida que trasmite valores para alcanzar el
último fin de la humanidad, que se enmarca en el fin de los tiempos, así que la
misión no termina aún.
Mi papá nos
contaba que desde muy pequeño mi abuelo le enseñó a trabajar, y no era su
trabajo cosa sencilla, mi abuelo Carlos se dedicaba a trasladar ganado a
Morelia desde comunidades cercanas y no tan cercanas, en los tiempos actuales
puede parecer no muy difícil esta tarea, si no fuera porque cuando mi abuelo y
mi papá lo trasladaban, lo hacían a pie y descansando donde la noche los
agarrara, de ese tramo de su vida nos compartió muchas experiencias como la vez
que llegaron a ver a un amigo de mi abuelo en la localidad de Villa Madero, ese
conocido tenía una vinata de mezcal de la cual nos decía, salía el destilado escurriendo
de un alambre de cobre, el dueño les ofreció un poco, no sin antes hacer la
demostración de tomar en un vaso pequeño un poco y arrojarlo al cielo, mi papá
nos contaba con gracia que del preciado líquido no caída nada al suelo pues
inmediatamente se evaporaba por los grados de alcohol que contenía. Termina la
historia con mi papá durmiendo una siesta bajo un árbol después de que tomó un
vasito y se relajó de tal manera que no pudo contener el sueño.
En esas andanzas
andaban pero el negocio no era muy bueno y resultó que a mi abuelo una persona
que le debía un dinero le pagó con una “carnicería” tal vez carnicería sería
mucho decir, ya que mi papá decía que sólo eran algunos cuchillos, un trozo de
madera para el hacha y otros pocos enseres, no sé cómo fueron los hechos
exactos pero enseguida mi padre puso en marcha el negocio de la carnicería,
efectivamente no sabía nada del negocio, ni cómo aplanar un bistec, pero
contrató a un “chalán” del cual le aprendió el oficio y para pronto enseñó a mi
abuelo buscando que tuvieran una vida menos difícil con ese negocio. De ahí
surge otra anécdota, mi papá contaba que enseñó a mi abuelo a aplanar bistec
poniéndolo a practicar con un trozo de “rompecamisa”, el “rompecamisa” es un
nervio de un centímetro de grueso, aproximadamente 10 de ancho el cual es un
tendón de color amarillo muy resistente, es obvio que mi abuelo nunca podría
aplanar semejante pieza, decía mi papá que después de que mi abuelo se enfadó
pues no le hacía nada al nervio, no hubo bistec que se le resistiera en el
aplanado pues había tenido una práctica muy “capacitadora”, lo que mi papá
quería decirnos es que muchas veces las cosas más difíciles son las que nos
preparan mejor para enfrentar la vida y que entonces no debíamos eludir esas
situaciones sino enfrentarlas.
Efectivamente
debo decir que la veracidad de estas historias no la puedo asegurar, pero mi
padre las contaba con tal detalle y emoción que a mí no quedaba duda de que fueran
reales.
Muchas otras
aventuras me contó mi padre de cómo construyó su negocio; unas tan increíbles
como cuando acudió a una tienda de refrigeradores para pedir un crédito para
comprar una vitrina eléctrica para la carnicería, pero que el dueño al verlo
tan humilde pero tan decidido le dio una vitrina vieja pero que aún funcionaba
que tenía arrumbada en la bodega, con la promesa de que cuando tuviera dinero
para el enganche de la vitrina nueva mi papá la regresaría y entonces le otorgaría
el crédito para comprar la vitrina nueva, cosa que mi papá cumplió, y pudo
tener su vitrina eléctrica para el negocio. Muchas historias como éstas hay de
cómo pasaban cosas realmente increíbles pero que con la confianza en la
providencia y su empeño lograba los objetivos que se proponía.
Como en todas
las familias los hijos suelen provocar problemas o dificultades, hablando de mi
persona mi papá siempre me sacaba de los problemas en los que me metía, no sin
la respectiva reprimenda, pero hubo situaciones realmente difíciles como la vez
que sufrí un accidente que me dejó al borde de la muerte, pasado un tiempo cuando
los abuelos, padres de mi mamá, fueron a visitarme a mi casa y que soltaron las
lágrimas de cómo me veían un tanto desfigurado, mi papá me reveló y también a
ellos que cuando estaba en el hospital los doctores ya le habían dicho que
perdiera las esperanzas pues no había manera de salvarme de la hemorragia
interna que tenía, me dijo que sintió como si cayera en un abismo, pero
nuevamente la providencia ayudó y ahí me tenían, mallugado pero vivo, o cuando
dos años después me enfermé de una varicela que me provocó una encefalitis que
me mantuvo 5 días en coma, el tesón que tuvo para conseguir las medicinas que
eran difíciles de localizar y nada baratas para lograr nuevamente el objetivo
que tenía en mente de salvarme, y lo consiguió.
Para mí todo lo
que hizo por mi persona nunca hubiera podido pagárselo y la única forma de hacerlo
sería haciendo lo mismo con mi hijos.
Tiempo después
que me recuperé, Dios me llamó a modificar mi vida y estaba tan entusiasmado
que decidí irme de misionero, el lugar a donde iríamos era la comunidad de Puruarán
en el municipio de Turicato, bueno, más exactamente, era una comunidad a dos
horas de brecha de Puruarán, se llama “Chiquito el Grande”, en ese tiempo esa
zona era más peligrosa de lo que ahora estamos viviendo con la delincuencia, y
eso pintaba un obstáculo muy fuerte pues pensaba que mi papá no me daría permiso,
con miedo fui a decirle que iba a ir de misiones a ese lugar. Estirando una
ceja, agudizando la mirada (el “kikazo”) y con tono fuerte me dijo “¿con
permiso de quién?”, efectivamente no le estaba pidiendo permiso y eso estaba
mal, pero en ese momento por el miedo que me causaba su autoridad lo único que
atiné a decir fue que “como Dios me había dejado vivir debía pagarle de alguna
manera”, lo único que me dijo entonces fue que “con eso que me dices me
desarmas, vete y que Dios te cuide”, mi Padre se daba cuenta que Dios me hacía
el llamado y supo respetar eso pues también era consiente que Dios siempre había
ayudado a la familia a salir adelante.
En ese tiempo yo
vivía mi juventud con un gran entusiasmo y algunos amigos me invitaron a asistir
a la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa Juan Pablo II en Denver,
Colorado, Estados Unidos. Como yo estaba en un tiempo de euforia y que pensaba
que no había nada que me detuviera tuve el atrevimiento de decirle a mi papá
que quería ir, que ¿cómo veía?, él me contestó: “si tú piensas que es bueno asistir y si tienes ganas de ir lo único
que necesitas es decírmelo porque mi obligación es apoyarte” , yo
francamente no pensaba que me contestara eso pues en la casa había problemas económicos,
pero nuevamente echó mano de la confianza en Dios y me ayudó para hacer ese
viaje, hasta la fecha no sé cómo resolvió el problema.
Así pues puedo
compartir que mi papá vivió su vida intensamente, las anécdotas que me contaba
dan testimonio de ello, tenía una personalidad recia, tal vez deba remarcar
“RECIA” ya que tenía un carácter fuerte y firme que a través de los años fue
moderando en el proceso normal que todos tenemos para pulir nuestra
personalidad, esta característica opaca un poco otras tantas que son las que le
daban su personalidad completa y que en conjunto es cuando podemos ver el
verdadero brillo de su persona.
Mi padre era:
generoso, sencillo, responsable, tenía un sentido de la providencia muy grande,
divertido, dedicado, le gustaba el orden, se preocupaba por formar nuestro
criterio, amiguero, le gustaba la política y tenía cualidades en ese sentido
pues pensaba que se podían hacer mejor las cosas en beneficio de la sociedad,
me transmitió una gran confianza para enfrentar la vida y en lo que él hacía, siempre
ponía el máximo esfuerzo en hacerlo bien.
Hay muchísimas historias
complementarias, más las que saben mis hermanos, pero pienso que en su mayoría reflejan
la misma idea de este escrito, yo me quedo con la imagen de la ternura como veía
a mi mamá en sus últimos días y después de estar tan reciente la celebración de
sus 50 años de casados, que también es un ejemplo pues 50 años y un montón de
problemas no pudieron romper ese matrimonio, sino sólo la promesa: “hasta que
la muerte los separe”, se dice fácil, pero no cualquiera.
Papá, te doy
gracias por todo lo que me ayudaste durante toda mi vida, y por enseñarme a
encomendarme a Dios para que nos vaya bien durante el día, le pido a Nuestro
Señor Jesús te conceda estar ya con él y con mi niño Héctor que junto contigo se
nos adelantaron y espero no traicionar los buenos ejemplos que me diste, porque
de esta manera es como la sociedad avanza, cuando a las personas las definen
sus buenos hechos y no las palabras vacías.

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